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1.4

Yoshúa puede ver que lo dicho por el hombre es verdad. Sin embargo necesita asimilarlo, alza una mano solicitando silencio. Cierra los ojos y lo que ve es la tierra partiéndose en dos…

Los portaaviones y fragatas americanos devorando el pacífico; aviones europeos sobre el mediterráneo, submarinos rusos bajo el mar negro, soldados de a pie en África y América.

–¿Y ustedes? –pregunta. El otro sonríe, lastimoso como un perro.

–Perdimos contacto con las bases de tierra. Lo teníamos previsto, ¿sabes? Que no quedaba nada ahí abajo. Teníamos suministros y, de algún modo, pensamos que, no sé… No sé qué pensábamos. Seguimos con nuestras investigaciones, creímos que podíamos hacerlo. La vida siempre encuentra el camino, ya se sabe. Luego nos dimos cuenta. Éramos siete científicos, pero ninguna mujer. Había, además de los físicos, genetistas, biólogos y doctores en medicina. Cualquiera de nosotros habría podido clonarnos, teníamos las herramientas, conocíamos el procedimiento, pero, necesitábamos una mujer. De haberla tenido, por Dios, éramos científicos, se nos ocurrían un millón de maneras de extraer y cultivar los óvulos, fecundarlos sin necesidad de sexo. Rediseñamos el generador, la genética de los hidropónicos, las computadoras, incluso. Estábamos poseídos, todos, cada astronauta merecía el Nobel en su especialidad, aunque claro, ninguno de esos logros iba a sobrevivirnos…

~ by jramirez on Marzo 25, 2007.

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