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3.4

De dieciséis horas que lleva en el aire, la mitad ha estado durmiendo. Eso es lo más que ha descansado en las últimas semanas, desde su encuentro con el hombre en el monte sagrado.

«Carajo, se está mejor en los putos aviones que en tierra.»

Debe ser que su lugar está en el cielo. Se acomoda el cabello y restriega el rostro antes de volver a los números, la boca le sabe pastosa, a jugo de naranja y vodka. Todos sus pensamientos están en torno a una sola idea: construir la máquina modulando energía…

Sin embargo, como ya había dicho el nepalí, eso no tiene sentido.

Requiere un hardware donde registrar los datos iniciales. Es claro que no pueden ser dispositivos mecánicos. Ni válvulas, ni relevadores, ni siquiera transistores. Requiere medios que operen en el espectro electromagnético.

–Luz –se dice a sí mismo–, debe operar con luz… –pero apenas lo dice, tacha enseguida los trazos que ha venido haciendo. Le da otro sorbo al vaso que tiene a un lado, mira por la ventana. Ese delta ahí es el Nilo, aunque no es el río lo que él mira, sino su cauce al origen… Suena la campanilla, se enciende una luz solicitando a los pasajeros que se abrochen los cinturones, su avión comienza el descenso. El desierto, más allá de la rivera verde, se extiende hasta donde alcanza su vista; a esa altura, la textura de las dunas y el color de la arena le recuerdan a Magdalena, su piel tersa… Aterrizan… Esto, es lo más cerca que ha estado de ella en mucho, muchísimo tiempo.

~ by jramirez on Mayo 8, 2007.

One Response to “3.4”

  1. Escribes increíble. Eso de “literatura de ficción por entregas” debiera tener atónitos a todos.
    Felicidades.

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