6.4
–Dios está aquí, aquí y aquí –el árabe se apunta a la cabeza, el corazón y termina apretándose la entrepierna–. No creas que ignora en qué estás pensando. De hecho, él puso esos pensamientos ahí. ¿Y sabes para qué?, para ver si eres o no lo bastante y los llevas a cabo… Es tu decisión.
–…
–Pero yo te digo: si quieres llegar a Dios debes hacer algo más allá de toda medida, trascender lo humano, llevar las cosas al límite. No hay otro modo.
–Pero necesito saber ya, no hay tiempo de erigir algo como, no sé, Babel.
–Destruye entonces. Tú padre suele no distinguir. Grita que sabes la palabra verdadera. Repite el truco de Sodoma y Gomorra, Jericó.
–Quieres que vierta en polvo los muros más altos…
–Por ejemplo, sí.
–¿Quieres que destruya Kuala Lumpur?
–Hijo, hijo… En Asia somos tus aliados… Nuestros intereses no afectan los de tu padre. Él tiene su corazón puesto en Babilonia…
–La torre Sears, entonces. ¿Quieres que destruya Chicago?
–Manhattan, hijo –el rey se hace un cuadro atrás y a la derecha, abriendo paso a su vez a la torre que, paralela junto a la otra, cerca a su enemigo–. Hay ahí una estructura dos veces mayor.

esta medio extraño ese articulo
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abraham said this on Septiembre 24, 2007 at 3:54 pm