8.1
Está alimentando la hoguera de ramas verdes, por allí son las únicas. El cielo de Palenque es tan limpio, que el trazo de humo se ve erguido hasta una altura de cien metros, quizá más. El nepalí descansa, sueña higueras de agua. Yoshúa, por el contrario, es insomne.
No duerme por temor a una pesadilla recurrente.
Está en la montaña, reza: «Bienaventurados los pobres, porque de ellos será el reino» La multitud lo mira, incrédula al principio. «Bienaventurados los mansos, porque heredarán las tierras» Los ojos de todos, llenos por un momento de asombro. «Bienaventurados quienes lloran, porque tendrán consuelo» La multitud comienza a aclamarlo. «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados» Se yerguen. «Bienaventurados…» quiere decir, pero ellos ya no hacen caso.
–¡Saciemos el hambre, reclamemos las tierras, matemos a los romanos!
Despierta justo cuando lo atropella la turba, el inicio de la revolución. Treinta años después, Eleazar benJair y mil judíos más se matan en Masada. Yoshúa conocía bien a los sicarios zelotes, los hombres daga. Ellos, dirigidos por Yehudah de Galilea, fueron quienes iniciaron la revolución y no él. Shimón, el discípulo, también era zelote.

me suena a un libro de Ki longfellow The secret magdalene, lo has leido?
hidra said this on Noviembre 13, 2007 at 2:04 pm